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1 Samuel 14:1-30

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      2013-05-19

Introducción

Antes de retomar nuestra serie ¡Libres! tuvimos la visita del pastor Juan Luis Navarro.

Nos compartió un mensaje basado en el libro del Antiguo Testamento 1 de Samuel.


Lectura Biblia – 1 Samuel 14:1-30

1 Cierto día, Jonatán hijo de Saúl, sin decirle nada a su padre, le ordenó a su escudero:
«Ven acá. Vamos a cruzar al otro lado, donde está el destacamento de los filisteos.»

Y es que Saúl estaba en las afueras de Guibeá, bajo un granado en Migrón,
y tenía con él unos seiscientos hombres.

El *efod lo llevaba Abías hijo de Ajitob, que era hermano de Icabod,
el hijo de Finés y nieto de Elí, sacerdote del Señor en Siló.
Nadie sabía que Jonatán había salido,

y para llegar a la guarnición filistea Jonatán tenía que cruzar un paso entre
dos peñascos, llamados Bosés y Sene.

El primero estaba al norte, frente a Micmás; el otro, al sur, frente a Gueba.

Así que Jonatán le dijo a su escudero:
—Vamos a cruzar hacia la guarnición de esos paganos. Espero que el Señor nos ayude,
pues para él no es difícil salvarnos, ya sea con muchos o con pocos.

—¡Adelante! —respondió el escudero—. Haga usted todo lo que tenga pensado hacer,
que cuenta con todo mi apoyo.

—Bien —dijo Jonatán—; vamos a cruzar hasta donde están ellos, para que nos vean.

Si nos dicen: “¡Esperen a que los alcancemos!”, ahí nos quedaremos, en vez de avanzar.

10 Pero si nos dicen: “¡Vengan acá!”, avanzaremos, pues será señal
de que el Señor nos va a dar la victoria.

11 Así pues, los dos se dejaron ver por la guarnición filistea.
—¡Miren —exclamaron los filisteos—, los hebreos empiezan a salir
de las cuevas donde estaban escondidos!

12 Entonces los soldados de la guarnición les gritaron a Jonatán y a su escudero:
—¡Vengan acá! Tenemos algo que decirles.
—Ven conmigo —le dijo Jonatán a su escudero—,
porque el Señor le ha dado la victoria a Israel.

13 Jonatán trepó con pies y manos, seguido por su escudero.
A los filisteos que eran derribados por Jonatán, el escudero los remataba.

14 En ese primer encuentro, que tuvo lugar en un espacio reducido,
Jonatán y su escudero mataron a unos veinte hombres.

15 Cundió entonces el pánico en el campamento filisteo y entre el ejército
que estaba en el campo abierto. Todos ellos se acobardaron, incluso los soldados
de la guarnición y las tropas de asalto.
Hasta la tierra tembló, y hubo un pánico extraordinario.

16 Desde Guibeá de Benjamín, los centinelas de Saúl podían ver
que el campamento huía en desbandada.

17 Saúl dijo entonces a sus soldados: «Pasen revista, a ver quién de los nuestros falta.»
Así lo hicieron, y resultó que faltaban Jonatán y su escudero.

18 Entonces Saúl le pidió a Ahías que trajera el arca de Dios.
(En aquel tiempo el arca estaba con los israelitas.)

19 Pero mientras hablaban, el desconcierto en el campo filisteo se hizo peor,
así que Saúl le dijo al sacerdote: «¡No lo hagas!»

20 En seguida Saúl reunió a su ejército, y todos juntos se lanzaron a la batalla.
Era tal la confusión entre los filisteos, que se mataban unos a otros.

21 Además, los hebreos que hacía tiempo se habían unido a los filisteos,
y que estaban con ellos en el campamento,
se pasaron a las filas de los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán.

22 Y los israelitas que se habían escondido en los montes de Efraín,
al oír que los filisteos huían, se unieron a la batalla para perseguirlos.

23 Así libró el Señor a Israel aquel día, y la batalla se extendió más allá de Bet Avén.

24 Los israelitas desfallecían de hambre, pues Saúl había puesto al ejército
bajo este juramento: «¡Maldito el que coma algo antes del anochecer,
antes de que pueda vengarme de mis enemigos!»
Así que aquel día ninguno de los soldados había probado bocado.

25 Al llegar a un bosque, notaron que había miel en el suelo.

26 Cuando el ejército entró en el bosque, vieron que la miel corría como agua,
pero por miedo al juramento nadie se atrevió a probarla.

27 Sin embargo, Jonatán, que no había oído a su padre poner al ejército bajo juramento,
alargó la vara que llevaba en la mano, hundió la punta en un panal de miel,
y se la llevó a la boca. En seguida se le iluminó el rostro.

28 Pero uno de los soldados le advirtió:
—Tu padre puso al ejército bajo un juramento solemne, diciendo:
“¡Maldito el que coma algo hoy!” Y por eso los soldados desfallecen.

29 —Mi padre le ha causado un gran daño al país —respondió Jonatán—.
Miren cómo me volvió el color al rostro cuando probé un poco de esta miel.

30 ¡Imagínense si todo el ejército hubiera comido del botín que se le arrebató
al enemigo! ¡Cuánto mayor habría sido el estrago causado a los filisteos!

Acerca del Autor

Camilo Bejar

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