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Salmos: Aprendiendo a hablar con Dios en su presencia

Salmos
ISA
Por ISA
      Aprendiendo a hablar con Dios anhelando su presencia
Duración 31 minutos.

Introducción

Cristóbal Cerón nos ha dejado la lectura bíblica que ha acompañado el sermón.


Lectura Biblia – Salmo 84 y Lucas 2: 21-38

Salmo 84:

1 ¡Cuán hermosas son tus moradas,
SeñorTodopoderoso!

2 Anhelo con el alma los atrios del Señor;
casi agonizo por estar en ellos.
Con el corazón, con todo el cuerpo,
canto alegre al Dios de la vida.

3 Señor Todopoderoso, rey mío y Dios mío,
aun el gorrión halla casa cerca de tus altares;
también la golondrina hace allí su nido,
para poner sus polluelos.

4 Dichoso el que habita en tu templo,
pues siempre te está alabando.

5 Dichoso el que tiene en ti su fortaleza,

    que sólo piensa en recorrer tus sendas.

6 Cuando pasa por el valle de las Lágrimas
lo convierte en región de manantiales;
también las lluvias tempranas
cubren de bendiciones el valle.

7 Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas,
y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.

8 Oye mi oración, Señor, Dios Todopoderoso;
escúchame, Dios de Jacob.

9 Oh Dios, escudo nuestro,
pon sobre tu ungido tus ojos bondadosos.

10 Vale más pasar un día en tus atrios
que mil fuera de ellos;
prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios
que habitar entre los impíos.

11 El Señor es sol y escudo;
Dios nos concede honor y gloria.
El Señor brinda generosamente su bondad
a los que se conducen sin tacha.

12 Señor Todopoderoso,
¡dichosos los que en ti confían!

Lucas 2: 21-38:

21 Cuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron Jesús, nombre que el ángel le había puesto antes de que fuera concebido.

22 Así mismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos debían purificarse, José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor.

23 Así cumplieron con lo que en la ley del Señor está escrito: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor».

24 También ofrecieron un sacrificio conforme a lo que la ley del Señor dice: ün par de tórtolas o dos pichones de paloma».

25 Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel. El Espíritu Santo estaba con él

26 y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor.

27 Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando al niño Jesús lo llevaron sus padres para cumplir con la costumbre establecida por la ley,

28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios:

29 «Según tu palabra, Soberano Señor,
ya puedes despedir a tu siervo en paz.

30 Porque han visto mis ojos tu salvación,

31     que has preparado a la vista de todos los pueblos:

32 luz que ilumina a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.»

33 El padre y la madre del niño se quedaron maravillados por lo que se decía de él.

34 Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús: «Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición,

35 a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma.»

36 Había también una profetisa, Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años,

37 y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones.

38 Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

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