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Marcos: Dios en el Banquillo

Dios en el Banquillo
ISA
Por ISA
      11-12-18
[50 min]

Introducción

No hay nada nuevo en la frase del filósofo alemán Friedrich Nietzche cuando decía: “Dios ha muerto”. El no fue el primero en poner bajo juicio a Dios y afirmar que su reputación había llegado a su fin. Dos mil años atrás, las autoridades tanto judías como romanas, habían efectuado otro juicio, esta vez sobre Jesucristo, quien decía ser el Hijo de Dios encarnado. La religión, la política, la multitud e incluso sus discípulos consideraron que Jesús estaba mintiendo. ¿Estaban en lo correcto? ¿Juzgaron bien o mal? ¿Qué intenciones había detrás de su juicio? En esta sección veremos que cuando el hombre decide poner a Dios en el banquillo de los acusados termina siendo él quien –paradójicamente- es juzgado por Dios mismo. C. S. Lewis en su libro “Dios en el Banquillo” nos desafía a hacernos la pregunta: “¿Qué hacemos con Jesucristo? a lo que el mismo responde: ‘no nos preguntemos qué hacer con Él, sino sólo qué quiere hacer Él con nosotros. Debemos aceptar o rechazar la historia”


 

Pasaje de la Biblia – Marcos 14:53-15:15 (Nueva Versión Internacional)

53 Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron allí todos los jefes de los sacerdotes, los *ancianos y los *maestros de la ley.54 Pedro lo siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote. Allí se sentó con los guardias, y se calentaba junto al fuego.
55 Los jefes de los sacerdotes y el *Consejo en pleno buscaban alguna prueba contra Jesús para poder condenarlo a muerte, pero no la encontraban.56 Muchos testificaban falsamente contra él, pero sus declaraciones no coincidían.57 Entonces unos decidieron dar este falso testimonio contra él:
58 —Nosotros le oímos decir: “Destruiré este *templo hecho por hombres y en tres días construiré otro, no hecho por hombres.”
59 Pero ni aun así concordaban sus declaraciones.
60 Poniéndose de pie en el medio, el sumo sacerdote interrogó a Jesús:
—¿No tienes nada que contestar? ¿Qué significan estas denuncias en tu contra?
61 Pero Jesús se quedó callado y no contestó nada.

—¿Eres el *Cristo, el Hijo del Bendito? —le preguntó de nuevo el sumo sacerdote.
62 —Sí, yo soy —dijo Jesús—. Y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la *derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.
63 —¿Para qué necesitamos más testigos? —dijo el sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras—.64 ¡Ustedes han oído la *blasfemia! ¿Qué les parece?

Todos ellos lo condenaron como digno de muerte.65 Algunos comenzaron a escupirle; le vendaron los ojos y le daban puñetazos.

—¡Profetiza! —le gritaban.

Los guardias también le daban bofetadas.

66 Mientras Pedro estaba abajo en el patio, pasó una de las criadas del sumo sacerdote.67 Cuando vio a Pedro calentándose, se fijó en él.
—Tú también estabas con ese nazareno, con Jesús —le dijo ella.
68 Pero él lo negó:

—No lo conozco. Ni siquiera sé de qué estás hablando.

Y salió afuera, a la entrada.
69 Cuando la criada lo vio allí, les dijo de nuevo a los presentes:

—Éste es uno de ellos.
70 Él lo volvió a negar.

Poco después, los que estaban allí le dijeron a Pedro:

—Seguro que tú eres uno de ellos, pues eres galileo.
71 Él comenzó a echarse maldiciones.

—¡No conozco a ese hombre del que hablan! —les juró.
72 Al instante un gallo cantó por segunda vez. Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante por segunda vez, me negarás tres veces.» Y se echó a llorar.

Marcos 15

1 Tan pronto como amaneció, los jefes de los sacerdotes, con los *ancianos, los *maestros de la ley y el *Consejo en pleno, llegaron a una decisión. Ataron a Jesús, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato.
2 —¿Eres tú el rey de los judíos? —le preguntó Pilato.
—Tú mismo lo dices —respondió.
3 Los jefes de los sacerdotes se pusieron a acusarlo de muchas cosas.
4 —¿No vas a contestar? —le preguntó de nuevo Pilato—. Mira de cuántas cosas te están acusando.
5 Pero Jesús ni aun con eso contestó nada, de modo que Pilato se quedó asombrado.
6 Ahora bien, durante la fiesta él acostumbraba soltarles un preso, el que la gente pidiera.7 Y resulta que un hombre llamado Barrabás estaba encarcelado con los rebeldes condenados por haber cometido homicidio en una insurrección.8 Subió la multitud y le pidió a Pilato que le concediera lo que acostumbraba.
9 —¿Quieren que les suelte al rey de los judíos? —replicó Pilato,10 porque se daba cuenta de que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia.
11 Pero los jefes de los sacerdotes incitaron a la multitud para que Pilato les soltara más bien a Barrabás.
12 —¿Y qué voy a hacer con el que ustedes llaman el rey de los judíos? —les preguntó Pilato.
13 —¡Crucifícalo! —gritaron.
14 —¿Por qué? ¿Qué crimen ha cometido?

Pero ellos gritaron aún más fuerte:

—¡Crucifícalo!
15 Como quería satisfacer a la multitud, Pilato les soltó a Barrabás; a Jesús lo mandó azotar, y lo entregó para que lo crucificaran.

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