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Jesús déjame ver – entendiendo la muerte y resurrección

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Por ISA
      ¿Quién es tu verdadero libertador?

Introducción

Como saben estamos en una pausa de la serie ¡Libres!

Tomás Recart compartió un mensaje basado en libro de Marcos.

La pregunta de Jesús es la misma, la respuesta distinta.

¿Qué la motiva? ¿Cómo habrías respondido tú?


Lectura Biblia – Marcos 10:31-52

32 Pero muchos de los primeros serán últimos, y los últimos, primeros.

32 Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús se les adelantó.
Los discípulos estaban asombrados, y los otros que venían detrás tenían miedo.
De nuevo tomó aparte a los doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder.

33 «Ahora vamos rumbo a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado
a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley.
Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles.

34 Se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán.
Pero a los tres días resucitará.»

35 Se le acercaron *Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo.
—Maestro —le dijeron—, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

36 —¿Qué quieren que haga por ustedes?

37 —Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente
a tu derecha y el otro a tu izquierda.

38 —No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—.
¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo bebo,
o pasar por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado?

39 —Sí, podemos.

—Ustedes beberán de la copa que yo bebo —les respondió Jesús—
y pasarán por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado,

40 pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde
a mí concederlo. Eso ya está decidido.

41 Los otros diez, al oír la conversación, se indignaron contra Jacobo y Juan.

42 Así que Jesús los llamó y les dijo:

—Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos,
y los altos oficiales abusan de su autoridad.

43 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande
entre ustedes deberá ser su servidor,

44 y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos.

45 Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan,
sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

46 Después llegaron a Jericó. Más tarde, salió Jesús de la ciudad
acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino.

47 Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:
—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

48 Muchos lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más:
—¡Hijo de David, ten compasión de mí!

49 Jesús se detuvo y dijo:
—Llámenlo.

Así que llamaron al ciego. —¡Ánimo! —le dijeron—. ¡Levántate! Te llama.

50 Él, arrojando la capa, dio un salto y se acercó a Jesús.

51 —¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó.
—Rabí, quiero ver —respondió el ciego.

52 —Puedes irte —le dijo Jesús—; tu fe te ha sanado.
Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.

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